martes, 14 de febrero de 2012

Periodo Rosa de Picasso

En abril de 1904, con 23 años, Picasso se trasladó definitivamente a Francia, estableciéndose en un taller de la Place Ravignan, de la Butte de Montmartre. Allí conocerá a Fernande Olivier, quien será su amante durante siete años.

Fernande Olivier, amante de Picasso desde 1904 hasta 1911.

Una vez asentado en Francia, Pablo comenzó a entablar una relación más estrecha con los artistas del Montmartre, con amigos de la colonia española y con los representantes de la vanguardia literaria de París. Las reuniones mantenidas con estos últimos tenían lugar en el café "Closerie des Lilas", y estaban protagonizadas en su mayoría por el escritor y publicista Guillaume Apollinaire, quien solía comentar muchas de las obras de Picasso, contribuyendo de esta manera a la expansión de su nombre.

La temática de esta etapa de la obra de Picasso es la vida circense, que encuentra su justificación en las frecuentes visitas al circo Medrano. Allí se encuentra con un mundo de color, protagonizado por saltimbanquis, acróbatas y arlequines, pero que, lejos de llenar sus lienzos de alegría como muchos suponen en este periodo, no dejan de imprimirles ese halo de misterio y tenebrosidad que hallábamos en su anterior periodo. El notable cambio en este ciclo, apartando la temática, se encuentra también en su paleta, que abandona los tonos fríos para refugiarse en los cálidos, sobre todo en el color rosa.


En el "Lapin Agile" (Arlequín con copa), 1905

En esta obra vemos claramente la transición entre el Periodo Azul y el Rosa. Se trata de un retrato de una mujer y un arlequín en el bar "Lapin Agile", sitio que frecuentaba Picasso. No vemos interacción entre las dos personas, sino una relación fría y distante, puesto que cada uno tiene su mirada puesta en el vacío, en un ángulo muerto de aquel bar. Lo que nos hace clasificar este lienzo como perteneciente al Periodo Rosa es el personaje del arlequín y los colores empleados, mucho más cálidos, como los rojizos y amarillentos. Sin embargo, Picasso nos sigue mostrando el espíritu de abatimiento que reinaba en anteriores obras, como La bebedora de Ajenjo. Son personajes cansados y tristes, que se refugian en un bar.

Madre e hijo (saltimbanquis), 1905

Familia de acróbatas con mono, 1905

La obra que recoge la esencia de este periodo es, sin lugar a dudas, La familia de saltimbanquis, cuyas dimensiones alcanzan los dos por dos metros. El poeta austriaco Rainer Maria Rilke, quien vivió durante algún tiempo en la casa de la entonces propietaria del cuadro, expresó su impresión sobre el mismo con estas palabras: "Pero, quiénes son los trashumantes, dime, estas gentes aún más fugitivas que nosotros mismos..."

La familia de saltimbanquis, 1905

Picasso decidió tomar algunos de los personajes que ya habían aparecido en obras anteriores de esta etapa, y combinarlos en un mismo lienzo. Realizó la composición a modo de estudio, y no contento con el resultado, cambió completamente todos los personajes y su disposición y decidió volverlos a pintar sobre la misma tela.

El motivo principal de este cuadro son los cuatro juglares masculinos, siendo uno de ellos el niño juglar, aunque ahora fuertemente modificado en la figura de una niña pequeña. Vemos el cuadro claramente dividido en dos partes: por un lado, la unidad familiar representada en los cinco miembros de la izquierda, y por otro, la solitaria joven de la derecha. La aparente lógica de la composición queda totalmente desmontada en un primer análisis: los personajes se hallan en un entorno confuso, representados, cada uno, a través de diferentes perspectivas en las que sus pies nos les marcan su correcta posición. Además, a la figura central de la obra, el bufón obeso vestido de rojo, le falta la mitad de la pierna derecha. 

De nuevo, como en todo este periodo, a pesar de ver una paleta clara de colores cálidos, los personajes no  muestran felicidad alguna. Sus miradas se dirigen a puntos diversos del espacio, sin establecer comunicación entre ellos. Están juntos, son una familia, pero hay mucha distancia sentimental entre los miembros, distancia que pasa del plano psíquico al físico en la figura de la derecha.

El aseo, 1906


Autorretrato con paleta, 1906.

En 1906, Picasso consigue vender la mayoría de sus cuadros "rosa" a un mismo comprador, y, por primera vez, puede disfrutar de una posición económica desahogada. Ese mismo año visita a sus padres en Barcelona, acompañado de su amante Fernande. Después, ambos parten a Lérida, donde el artista pinta El aseo, y Autorretrato con paleta, dando fin a el Periodo Rosa, que abrirá el camino hacia ciclo por el que Picasso ha sido mundialmente reconocido y a uno de los periodos más importantes de la Historia del Arte.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Periodo Azul de Picasso

Picasso en París a los 23 años (1904)

La época de Picasso que me dispongo a narrar, sucede a caballo entre Barcelona y París, culminando con el definitivo traslado del artista a la capital francesa en 1904.

En un tiempo en el que Henri Matisse estaba experimentando con lo que después se conocería como Fauvismo, estilo caracterizado por la simplicidad de las formas y los colores llamativos, Pablo Picasso comenzó a retratar rostros y situaciones cargados de pobreza y melancolía, y todo ello sugerido a través de una paleta fría y casi monocroma. La obra en la que se comienza a perfilar dichos rasgos de la pintura de esta época es La bebedora de ajenjo. Sin embargo al Periodo Azul le dan la bienvenida cuadros como La entrevista (Las dos hermanas), cuyo boceto ya lo trazó en 1901.

La bebedora de ajenjo, 1901. El desasosiego que esta escena transmite será explotado a lo largo de todo el periodo. Aquí vemos ya el predominio de distintos tonos de azul que intentan enmarcar la expresión angustiosa de esta mujer, hacia cuyo rostro, para añadirle más dramatismo a la escena, trepan sus dos enormes y delgadas manos.

Las dos hermanas, 1902. El color azul inunda esta obra. Se trata de dos mujeres, una de ellas con un bebé en brazos al que solo le podemos ver la mano y parte de la cabeza, cuyas figuras reflejan abatimiento y desesperación, pero que intentan darse consuelo la una a la otra. La angustia sobrecogedora de esta imagen se complementa con sus vestiduras (túnicas o mantas para protegerse del frío, pies descalzos y cabeza cubierta por un pañuelo) y por el paisaje: una fría noche en lo que parece ser un patio de paredes desnudas. Gracias a esta descripción gráfica, podemos afirmar que son dos reclusas de la prisión femenina de St. Lazare (París), a la que Picasso tuvo acceso en 1901 y donde quedó impresionado por tal desconsuelo.


Sin lugar a dudas, el punto culminante de esta etapa lo marcó La vida, pintado en 1903. En este lienzo, la maestría del Periodo Azul alcanza sus cotas más elevadas, ya que la soledad y pobreza de los personajes, de apariencia fría, se muestra a través del patetismo de los cuadros que Picasso representa al fondo de la escena. En primer lugar, es importante destacar que la figura masculina de la izquierda se trata de un retrato del amigo del artista, Carlos Casagemas, que se había suicidado dos años antes en París. El sereno y melancólico aspecto que transmiten los personajes es perfectamente compatible con el drama de sus miradas, que están contando una historia. Los trémulos y pálidos cuerpos desnudos que se abrazan a la izquierda guardan una inquietante distancia, resaltada mediante la mano del varón, con la firme mujer de la derecha que sostiene en brazos un bebé. Y es en esa distancia donde se muestra el tormento interior de los personajes, gracias a los dos grandes lienzos que inundan la lúgubre estancia. En definitiva, la obra se presenta como una ventana a la que el espectador puede asomarse y trazar el hilo argumental de una tragedia basada en las sensaciones que el cuadro provoca.

La vida, 1903.

Los pobres a la orilla del mar, 1903.

El guitarrista ciego, 1903.

La planchadora, 1904. En esta escena y en la anterior los personajes comparten la misma postura, una patética contorsión de sus delgados cuerpos que hace que el espectador viva el dramatismo de la obra.

La Celestina, 1904.

Hemos asistido a los tres años de la vida de este gran artista en los que la monocromía de su paleta fue capaz de impregnar el lienzo de un amplio abanico de sensaciones. En 1904 se traslada definitivamente a París, y a partir de entonces dejará de representar estos personajes cargados de miseria para dar paso a un mundo mucho más alegre inspirado en la vida circense, dando fin al Periodo Azul.