domingo, 12 de mayo de 2013

¡Por fin llega la lata de tomate!

cuadro Lata de Tomate de Warhol
Andy Warhol, Campbell´s Soup Can I, 1968
"¡Fue fabuloso, la inauguración de una exposición sin arte!". Estas fueron las palabras de Andy Warhol el día de la apertura de su exposición de 1965, en el Institute of Contemporary Art de Filadelfia. El organizador, ante la avalancha de público que se esperaba, descolgó los cuadros por motivos de seguridad. "A nadie le importó lo más mínimo que los cuadros hubieran sido descolgados. Me alegré de veras de que entretanto también pudiera hacer películas", dijo Warhol.

Este Bote de Sopa en Conserva Campbell´s I es, con toda seguridad, el lienzo que ha pasado a la historia como la máxima expresión del Pop Art.¿Y qué es el arte pop? Pues, resumiendo demasiado, es un movimiento artístico-cultural de los años sesenta surgido como respuesta al auge que la comercialización tenía en aquella época. Todos aquellos patrones establecidos para evaluar las obras de los medios de masas se trasladan al arte de manera descaradamente irónica. América, como lugar donde el consumismo alcanza sus más altas cotas, es también el lugar donde se origina y donde más se desarrolla este movimiento, que se expande después por Europa, asistiendo a la vez a la americanización de la cultura del mundo occidental.

Andy Warhol en blanco y negro
Andy Warhol
Podríamos explicar el Pop Art a través de este lienzo y de la figura de su autor, Andy Warhol. En su arte, parte del conocimiento de que los objetos y los hechos adquieren su importancia dependiendo de cómo se manifiestan, cómo son presentados y transmitidos. Esta idea la podríamos resumir en lo siguiente: el medio es el mensaje. Es la misma lata de tomate la que vemos en el lienzo que la que veríamos en la estantería del supermercado, pero la primera se nos presenta en un contexto artístico, por lo que el simple hecho de que se halle en un museo nos obliga a verla con otros ojos, no con los mismos con los que la veríamos si estuviera en la estantería, o fuera un cartel publicitario del mismo supermercado. Así pues, el medio que soporta al objeto (el lienzo, el museo, la firma...) hace que rápidamente lo califiquemos como "arte". De esta manera, Warhol nos obliga a detenernos ante su obra y a contemplarla como jamás hicimos en el supermercado.

¿Es convertir lo trivial en arte la idea de la obra de Warhol? En cierta medida sí, pero con la consecuencia natural de la trivialización y vulgarización del propio arte. No sabemos por tanto qué idea es más poderosa en el autor. Con esta lata de tomate convierte lo inferior en superior (presenta un producto de consumo como una obra elitista) pero, a la vez, rebaja el elitismo del arte y lo acerca a la cultura de masas.

Marilyn Monroe de Warhol
Andy Warhol, Marilyn Monroe, 1964
Andy Warhol, Electric Chair, 1963
Al igual que plasmaba en el lienzo los productos de consumo, también lo hacía con los personajes mediáticos como las estrellas de Hollywood o los políticos, siguiendo la premisa anterior. A la vez, la "escoria" del mundo criminal, los asesinatos y la muerte del individuo como síntomas de la sociedad de masas, adquieren cada vez más importancia en la obra de Warhol a lo largo de los años sesenta. Sus cuadros evidencian que la tragedia, si es tratada por los medios de comunicación ávidos de sensacionalismo, puede conseguir que cualquier persona "sea famosa durante 15 minutos una vez en la vida", pero también que su destino sea olvidado inmediatamente.

"Uno no creería cuánta gente cuelga un cuadro de la silla eléctrica en la habitación, sobre todo si el color del cuadro combina con el de las cortinas". Andy Warhol.

Andy Warhol, Do-It-Yourself (Flowers), 1962
Otro de los conceptos que manejaba Warhol era el de la reproducción mecánica como la represión de la creatividad. No lo pudo plasmar de mejor y más original manera en este lienzo. Con obras como ésta, el arte se encuentra tan cercano al espectador que él mismo puede participar hasta el punto de convertirse en el propio artista. Sin embargo, la obra que resulta, sería similar a la de cualquier persona que se disponga a realizarla siguiendo las directrices que Warhol marcó en este lienzo. Al final, como en toda la obra de Andy Warhol, acabaríamos contemplando la elitización de un producto que fácilmente podría fabricarse en serie, ahuyentando así la creatividad.

Sin embargo, la creatividad en este artista alcanza su máxima expresión en la manera de trasladar al arte lo que en esa época comenzaba a despegar vertiginosamente: el consumismo, la sociedad mediática y la cultura de masas.

jueves, 7 de marzo de 2013

Ella, la mujer fatal, la diosa fría: Tamara de Lempicka


“Al comienzo de mi carrera miraba a mi alrededor y no veía en la pintura más que la destrucción total. Sentía repulsión por la banalidad que impregnaba el arte… Todo me sublevaba; yo buscaba un oficio que ya había dejado de existir. Trabajaba con rapidez y ligereza de pincel. Me preocupaba por la técnica, por el saber artesanal, por la sencillez y el buen gusto. Mi meta: no copies jamás. Crea un estilo nuevo, colores claros y luminosos, y trata de descubrir la elegancia de tus modelos.” Tamara de Lempicka.

Autorretrato en el Bugatti Verde
Autorretrato (Tamara en Bugatti verde), 1929

Tamara de Lempicka en los años treinta

No suele ser el primero, ni el segundo ni el tercer nombre que a uno se le viene a la mente cuando le preguntan por una mujer pintora. Una pena. Pero tampoco me atrevo a catalogarla como "la gran desconocida", en reconocimiento a aquellos que tuvieron la curiosidad de acercarse a su obra. 

Entonces, ¿quién es ella? ¿Por qué no la tenemos presente al hablar de arte contemporáneo? En realidad, parte de la culpa de este hecho proviene de la misma pintora, quien se ocupó de realizar una criba con su propia vida. Así, al público llegaban informaciones tan difusas que acababan siendo descartadas, olvidándose de la artista. Surge como de la nada en 1923 en París, a la edad de dieciséis años. Sin embargo, sus datos bibliográficos sitúan su nacimiento ocho años antes de la fecha que este cálculo le impondría. Además, según este mismo cálculo, tuvo que casarse a los diez años, lo cual resultaría demasiado extravagante.

Tamara de Lempicka en 1929

Oficialmente, Tamara nació en Varsovia en 1898, en el seno de una familia adinerada. Su espíritu rebelde ya apuntaba maneras a los doce años, cuando su madre encarga un retrato de la niña a una famosa pintora. Tamara no soportaba esas sesiones de pose y, además, al ver el resultado final, se llevó tal decepción que obligó a su hermana a posar para ella con el fin de retratarla, comparando su trabajo con el de la famosa pintora y quedando mucho más satisfecha con el suyo propio. Y así, poco a poco, fue construyéndose una personalidad cargada de carácter y fortaleza que la llevó a convertirse en la femme fatal del periodo de entreguerras, con una actitud arrolladora que embaucaba tanto a hombres como a mujeres.

Franco Maria Ricci, el editor, contaba este detalle de un encuentro con la artista: “Un día, en su apartamento del Grand Hôtel, Tamara cruzó distraídamente las piernas y yo entreví, como en una película, los fantasmas involuntarios de una seducción al estilo de los años treinta”. Se ganó el sobrenombre de "la bella polaca" y de "la diosa de ojos de acero", como la caracterizaba el New York Times. Su poder de seducción le otorgaba un aura de sensualidad que no solo reposaba en su persona, sino también en sus cuadros, cargados de erotismo.

“Grupo de cuatro desnudos femeninos”. 1925, Tamara de Lempicka.
Grupo de cuatro desnudos femeninos, 1925

Adán y Eva, 1931

Primavera
Primavera, 1930


Su intención siempre había sido crear su nicho artístico entre la alta sociedad, y que ese nicho estuviese rodeado del lujo y la opulencia. En una época protagonizada por la difícil situación política en Rusia, en la que se sucedían arrestos y persecuciones (su propio marido fue hecho prisionero tras la revolución de octubre), Tamara solo se preocupaba de llevar un tren de vida lujoso. Llegó a anunciar por aquel entonces que su meta era comprarse un brazalete cada dos cuadros vendidos, y no cesar nunca en la acción hasta estar cubierta de joyas y diamantes desde la muñeca hasta el hombro. Tenía hambre de éxito, y eso era lo que demostraba allá donde pisara. De su posterior vida en París, en la que no dejaba de frecuentar clubes nocturnos de la alta sociedad, diría: "Los días eran demasiado cortos. A veces salía por la noche, no volvía a a casa antes de las dos, y me ponía a pintar a la luz de una lámpara azul hasta las seis de la mañana”.

Y en el contexto de vanguardias y de la bohemia parisina del periodo de entreguerras, ¿dónde podemos ubicar el estilo de la obra de Lempicka? No es una pregunta de respuesta fácil. A la historia ha pasado como una autora enmarcada en el art decó, pero lo cierto es que su estilo es una mezcla sutil de poscubismo y neoclasicismo con un toque de Ingres.  

Mujeres bañándose
Mujeres bañándose, 1929
Baño turco, 1862 (Ingres)

Andrómeda, 1929
Roger y Angélique (detalle), 1819 (Ingres). En ambas comparaciones vemos cómo Lempicka se inspira en las contorsiones de los cuerpos de la obra de Ingres y en la suavidad de sus formas.

“Sus cuadros, surgidos del conglomerado cultural de las clases poseedoras en los años veinte y treinta […] habían proporcionado, ya antes del despuntar del fascismo, a los notables y patricios de su tiempo –que en su mayoría residían en la llanura del Po- la posibilidad de rodearse de un neoclasicismo extremo que, al mismo tiempo, era también postcubismo a la André Lhote” afirmaba Ricci. La obra de Lempicka se sitúa en un momento histórico en el que surgen una marea de vanguardias altamente repudiadas por los totalitarismos imperantes de la época, ya que se oponían al arte reivindicado por los mismos, un arte que establecía la vuelta a lo clásico, fomentando la aparición de los "neos". Sin embargo, el estilo de Tamara de Lempicka no participa en ninguno de estos dos bandos, a pesar de que se le haya mirado a lo largo de la historia como un neoclasicismo extraño. Lo único que Tamara quiere reivindicar en su obra es a ella misma.

Joven con guantes, 1930

“Yo fui la primera mujer en pintar con claridad y limpieza; esa es la clave de mi éxito. Entre cientos de cuadros de distintos autores, el mío se reconoce de inmediato. Y las galerías comenzaron a exponer mis obras en los mejores salones, siempre en el centro, porque mi pintura atraía. Era clara, acabada” Tamara de Lempicka.

Y, efectivamente, tenía razón. En muchas exposiciones entraban personas adineradas con la intención de adquirir un Matisse y salían con un Lempicka bajo el brazo. Son cuadros que atrapan, que poseen una combinación tan drástica de claroscuro que hace que el espectador pretenda detener su mirada en cada pliegue de las ropas y en los ojos vidriosos e hipnóticos de todas estas mujeres. Son obras vivas, vibrantes e impactantes, que pueden pertenecer a una época determinada, pero no a ningún movimiento que no sea el de la propia personalidad de Tamara de Lempicka.

Esta ha sido una presentación de la autora, y una vista general del contexto de su estilo. Pero, para saber el porqué del mismo, es necesario hacer una conexión con los momentos de su vida, a los que volveremos más adelante. Al igual que la intensidad de la obra de Frida Kalho solo podía percibirse a través de su biografía, los cuadros de Lempicka se ven en su totalidad cuando se conoce profundamente a esta peculiar mujer. La obra ha quedado tan impregnada de ese espíritu rebelde y ese erotismo, que hoy, el director de arte de la serie Californication no encuentra mejor motivo para decorar la casa donde vive un famoso escritor, víctima del poder de atracción de numerosas femmes fatales, y su esposa. En estos detalles aún vive Tamara.


No hay milagros. Solo hay lo que cada uno hace. Tamara de Lempicka.


Dedicada a Aitor, por saber conocerme y apreciar esos detalles y esas sonrisas mías de felicidad.